lunes, 31 de mayo de 2021

Inteligencia emocional y Proyecto Gomins


Que somos una sociedad poco educada emocionalmente es más que un hecho. Desde hace varios años estamos a vueltas con la educación emocional: cómo enseñar a nuestros niños la identificación de emociones, saber ponerles nombre, que logren la autorregulación emocional, etc. Y gracias a ello, vamos dando pasos para conseguir que nuestros alumnos sean emocionalmente más inteligentes, más asertivos y más conscientes.

En el colegio tuvimos la gran suerte de colaborar hace unos años con parte del equipo del Grupo Álava Reyes y su desarrollo de la app Gomins, un videojuego infantil con el que se evalúan aspectos relacionados con la inteligencia emocional y social como la impulsividad, el autocontrol o el reconocimiento de emociones en niños a partir de 4 años.

Además, la app cuenta con la aplicación para padres Gomins Viewer for Parents con la que, en tiempo real, los padres reciben la información personalizada en su móvil en base a la interpretación de los datos obtenidos en el juego.

Asimismo, además del videojuego para la evaluación, la app contiene un apartado de actividades para trabajar con los niños aquellas áreas en las que hayan obtenido puntuaciones más bajas: la realización de una receta para trabajar la paciencia, juegos de palabras para aprender a nombrar las emociones, ejercicios de respiración para la autorregulación de emociones intensas, etc. 

Me parece una herramienta muy interesante que puede aportar muchas luces a padres y educadores, para ir "poniéndole patas" a la educación emocional de los más pequeños. 

Dislexia y Dytective


La dislexia es un trastorno específico del aprendizaje que se caracteriza por un deterioro en la capacidad de reconocer palabras, lectura lenta e insegura y escasa comprensión.

Es un trastorno del neurodesarrollo que afecta a uno de cada diez niños, pudiendo llegar a provocar su fracaso escolar. Para poder manejar dicho trastorno y mejorar el aprendizaje es fundamental la detección precoz y el trabajo específico de las dificultades de la mano de un especialista.

Una gran herramienta para ello es la aplicación Dytective U. Se trata de una aplicación que tiene tres formatos: para la familia, para el terapeuta y para el centro educativo. La app contiene una potente prueba de cribado llamada Dytective, validada científicamente, fácil de aplicar y con la que se generan informes automáticamente. Además, ofrece 42.000 juegos para mejorar las habilidades de lectura y escritura de manera lúdica y divertida.

La aplicación se puede descargar en la página web de la empresa social Change Dyslexia donde además hablan sobre la historia de su creadora y fundadora, la doctora Luz Rello y su libro Superar la dislexia (Ediciones Paidós, 2018).

Sin duda se trata de un gran recurso para la atención educativa de niños con este tipo de trastorno.

Retomamos la actividad del blog

Retomo la actividad de este blog por las exigencias de una de las asignaturas del Máster en Psicopedagogía que estoy cursando. 

Es cierto que me encanta escribir, y releyendo algunas de las entradas anteriores recuerdo lo que vivía y pensaba en el momento de escribirlas y me emociono mucho. También es cierto que la vida se me ha ido complicando, que ya no soy aquella maestra de infantil solterita que comenzó el blog, sino la directora de Educación Infantil de un colegio de más de mil alumnos y madre de dos niños de seis y tres años y de un bebé de 10 meses.

Además, en algún momento se me ocurrió la feliz idea de ponerme a estudiar el máster que he comentado, que me apasiona y trae de cabeza a partes iguales. Estoy aprendiendo mucho, muchísimo, pero también estoy viviendo muchos momentos de tensión, de agobio, de "no llego ni de Blas" y de "¿quién me mandará a mí ponerme a estudiar con el percalazo de vida que tengo ahora mismo?". Y del sueño que tengo ya ni hablamos, pues el único momento que puedo dedicar a estudiar y leer es por las noches, cuando los niños duermen. 

Consideraciones previas hechas, simplemente explicaros que voy a publicar en los próximos días una serie de recursos TIC útiles para la orientación educativa. 

Son recursos que utilizo en mi propia práctica educativa en el colegio o que he utilizado en los últimos años. Los publicaré con diferentes reflexiones, producto de mi experiencia de casi diez años en el mundo educativo en diferentes ámbitos: innovación educativa, atención a las Necesidades Educativas Especiales, acompañamiento familiar y didáctica de la Educación Infantil. 

Y quién sabe, quizá vuelva a escribir mis reflexiones en torno a la educación, como acostumbraba. Era realmente un ejercicio estupendo que me ayudaba a centrar mis pensamientos y darles forma. Pero no prometo nada, que luego nunca se sabe...

miércoles, 31 de diciembre de 2014

Probando, probando...

La última entrada en este blog la escribí hace un año y medio.
En mi defensa sólo puedo decir que he estado metida en una espiral de actividad frenética de la que (creo) empiezo a asomar las cejas.
En este tiempo han sucedido cosas como comenzar a trabajar en un colegio de nueva apertura formando parte del equipo directivo, casarme y actualmente estar esperando mi primer hijo.

Pero recapitulemos un poco.
En los momentos de mayor actividad de publicación de este blog, yo ejercía como profesora sustituta en la etapa de Educación Infantil de un colegio en la zona norte de Madrid. O lo que es lo mismo: era el último mono en un colegio de la zona norte de Madrid. Pero, ojo, a mucha honra.
Mis súplicas fueron escuchadas e hice una entrevista para un colegio que abriría nuevo en la misma zona. Sin darme mucha cuenta, comencé a trabajar en este nuevo centro dirigiendo la etapa de Educación Infantil. Un poco fuerte, la verdad, teniendo en cuenta mi juventud y mi corta experiencia (en cuanto a tiempo). Pero las razones no vienen al caso, y el hecho es que nos lanzamos a abrir un colegio sin edificio y sin muchos medios.
Ese primer curso fue muy, muy duro. Sucedieron muchas cosas en muy poco tiempo, muchos cambios, las semanas se juntaban unas con otras y tantas veces tuve la sensación de estar corriendo detrás de los acontecimientos. Aprendí muchísimo, a veces de manera forzosa (según dice mi jefe con algo de pena).

Y es ahora, un año y tres meses después, cuando creo que tengo la calma y la perspectiva suficiente como para publicar mis reflexiones (que de eso va este blog). Y allá va una de ellas.
Durante este tiempo he aprendido que un colegio es fundamentalmente relaciones humanas y comunicación. Veamos: 
De arriba a abajo: de dirección al profesorado, del profesorado al alumnado. 
De abajo a arriba: del profesorado a dirección, del alumnado al profesorado. 
De manera horizontal: entre los integrantes del equipo directivo, dentro de cada equipo de profesores, entre los distintos equipos de profesores, entre los alumnos. 
De dentro hacia afuera: del colegio a las familias. 
De fuera hacia dentro: de las familias al colegio. 
Y externamente: entre las distintas familias. 

Hablando en términos materiales, nuestro elemento de trabajo son los niños, que son personas, y sus familias, que son personas también. Nuestro objetivo es que esas personas aprendan, crezcan, avancen y mejoren por medio de nuestra intervención. Nuestro producto, dicho aprendizaje

El éxito es difícil de medir. Por un lado tenemos las pruebas académicas externas. Sí, existe el sentimiento romántico de poder cambiar la sociedad haciendo que nuestros alumnos sean majos, buena gente y felices, pero como colegio debemos asegurar que consiguen los mejores resultados académicos que puedan alcanzar.
Por otro lado, tenemos las encuestas anónimas de satisfacción que pasamos al finalizar el curso a todas las familias de nuestros alumnos (tremendamente esperadas por el director y temidas por el resto del equipo), en las que los padres y madres del colegio nos ponen nota. 
Y por último, tenemos el número de nuevas matriculaciones cada curso que comienza. Se supone que la mejor publicidad de un colegio la hacen los padres de los alumnos de ese colegio, por medio del "boca a boca". Así, si los niños están contentos, los padres están contentos y hablan con otros padres, que traen a sus hijos al colegio. Pero este dato es bastante impreciso a la hora de determinar el éxito o no de un colegio, pues depende del número de niños que haya en la zona (la oferta y la demanda), depende de lo buen vendedor que sea el encargado de atender a las familias que vienen a pedir información sobre el colegio, y depende, claro está, del tipo de colegio que sea y cómo se trabaja (si ofrece un producto de interés). Por ello, el hecho de que un colegio esté lleno no siempre significa que sea un buen colegio, aunque muchas veces sí. Lo que sí es bastante determinante es que un colegio se mantenga lleno, año tras año, con la que está cayendo demográficamente.

Viendo todo este bollo, la conclusión a la que quiero llegar es que, para que un colegio funcione y funcione bien, para que los niños estén felices en el colegio y aprendan, para que los profesores estén contentos en su puesto de trabajo y se esfuercen en sacar lo mejor de sí mismos y de sus alumnos, para que los padres se alegren de haber elegido ese colegio para sus hijos y se impliquen en la vida del centro, y mantener el colegio lleno a pesar de la crisis y del 1,3 hijos por mujer en Españaes imprescindible que el equipo directivo sea un equipo muy humano
Es importante que sepa de números, de dineros, de haberes y deberes, de venta de producto y tenga visión de empresa. También es importante que sepa manejársela con la Administración Pública, esté al día en leyes y decretos de educación y tenga mano para tratar a la Inspección. Pero si un colegio es fundamentalmente relaciones humanas, el equipo directivo debe estar integrado por personas que sean muy humanas: que sepan relacionarse, que tengan auctoritas en su equipo de profesores (y no tanto potestas, que es lo fácil de alcanzar), con mucha inteligencia emocional, capacidad de comprensión, que sepa cuándo apretar y cuándo aflojar, que tenga un gran conocimiento del ser humano y un gran conocimiento de uno mismo. Y lo fundamental: que quiera a su equipo. Que haga un gran esfuerzo por conocer a su gente, por hacer equipo y por querer a su equipo.
Aunque sea una perogrullada, lo triste es que si estoy escribiendo sobre ello es porque al subir un escaloncito y ver las cosas desde una perspectiva distinta de la que tenía hace año y medio, he descubierto que hay colegios en los que el equipo directivo es muy poco humano. Y aparentemente la cosa funciona, incluso puede funcionar de verdad por un tiempo por la ilusión del profesorado, pero con el tiempo, el desgaste, el cansancio, los desencuentros... deja de ser así. 

Con este post, pongo la lupa en mí misma, pues en este tiempo de vacaciones, con una montaña rusa hormonal en mi interior, coincidiendo con el fin de año y su inevitable hacer balance, hay una pregunta que me ronda: "¿Estoy siendo lo suficientemente humana?" y como toda madre (aunque sea en potencia), hay otra: "¿Lo estaré haciendo bien?".

domingo, 26 de mayo de 2013

De flores va la cosa

No sé si será porque la primavera ha llegado de verdad, por el día de la madre, por ser mayo...

Sea por lo que sea, mi clase se ha llenado de flores.












martes, 9 de abril de 2013

Cuando te equivocas de material

Uno de mis últimos grandes descubrimientos en el mundo de los cuentos bonicos es Helen Oxenbury. Alguien me regaló por Reyes uno de sus cuentos, y abrió la brecha. Ya haré una entrada haciendo un recopilatorio de sus cuentos, porque hoy me quiero centrar en uno en concreto: Los Tres Lobitos y el Cochino Feroz.
Cuando leí el título de este cuento me hizo mucha gracia, y me pareció, cuando menos, original. Vi que en Amazon.es no estaba muy caro, así que no dudé: me lo compré. El día que llegó y lo leí por primera vez... ¡¡qué subidón!!
Veréis, tengo en mi clase un serio conflicto con un alumno majísimo y súper trabajador que tenía un problema: en el recreo, pegaba mogollón. En serio, no dejaba títere con cabeza, su nombre era el más sonado de los recreos, todas las profesoras de Infantil le conocen. Los recreos eran una tortura para él, que claramente tiene una impulsividad muy alta y no disfruta nada de los juegos, y para el resto, por razones que saltan a la vista. Total, que yo llevaba dos meses abriéndome la cabeza sobre cómo ayudar a este pobre mío a superar esto, viendo con frustración y profunda pena que ni castigos, ni premios, ni regañinas, ni amenazas, ni explicaciones, ni nada funciona. 

Pero resulta que en este cuento, el Cochino Feroz es muy muy malo. Pero malo de verdad. No se anda con tonterías de soplidos para derribar la casa de los Tres Lobitos, no. Se lía a 
mazazos con la casa de madera, con un taladro gigante pulveriza la casa de cemento armado, y con un arsenal de dinamita vuela por los aires la casa blindada de acero. Desesperados los Lobitos, sin saber ya qué usar para construirse una nueva casa más dura y resistente que las que ya han construido y así estar seguros, descubren que se habían equivocado de material. Prueban a construir una casa de flores, enclenque, sencilla, pero encantadora: una casa en la que da gusto vivir. Al llegar el Cochino Feroz, queda prendado de la belleza de la casa, el olor de las flores enternecen su corazón y se da cuenta de lo mal que se ha portado. Se esfuerza por que los Lobitos le perdonen, y todo acaba bien.

Aprovechando un día que mi alumno en cuestión faltó, leí el cuento y hablé seriamente con mi clase sobre este asunto. Todos nos estábamos equivocando de material con él, y teníamos que ayudarle a salir del bucle de negatividad en el que estaba. Debíamos construir la casa de flores: le teníamos que dar muuuuuchas oportunidades, perdonarle cuando fallara y pegara, no provocarle, dejarle jugar con nosotros y nunca jamás volver a decir que no le dejábamos estar con nosotros porque era un pegón. Yo tenía que hablar y trabajar mucho con él para que aprendiera a controlar su impulsividad, que aprendiera a ser un poco más reflexivo, a saber expresarse mejor y no intentar solucionarlo todo a golpes, pero ellos debían ayudarme.


Y mira tu por dónde, que funcionó. A partir de este cuento con el que todos nos sentimos delatados, empezamos un plan de acción con este alumno, y a día de hoy es una gozada verle jugar en los patios, porque juega de verdad. A veces a peleas o luchas, a veces a ser el bueno, otras veces a ser el malo, pero en los recreos casi no escucho su nombre y él se encuentra bastante mejor, porque en la asamblea de ayer me lo dijo. Y yo, me le como a besos.
Uuuufff.... objetivo conseguido.



miércoles, 6 de marzo de 2013

La "m" con la "a"...

He estado preparando con mucha ilusión este post sobre lectoescritura.
Voy a relatar qué hago yo, día a día durante la semana, en mi empeño por enseñar a leer y escribir a mis canijos de 4 años.

En mi colegio utilizamos un método mixto, global-analítico-sintético (para los entendidos que les interese).

En tres años se les presenta a los niños las letras, empezando por las vocales, y se trabaja durante dos semanas cada letra. 
En cuatro años también se comienza por las vocales, y también se emplean dos semanas por letra, pero sólo durante el primer trimestre. Hacia el segundo trimestre aumentamos el ritmo y ya sólo trabajamos una letra por semana.
Yo les paso a los niños dos veces al día (mañana y tarde) unos bits del abecedario, de elaboración personal. Dichos bits tienen por una cara la minúscula y por la otra la mayúscula de cada letra. También utilizo distintos colores que les ayuda a reconocer cada letra gracias a la memoria fotográfica. Asimismo, cuando les enseño las letras, les digo el nombre de la letra y su sonido con cada una de las vocales. Ej: "Esta letra se llama be, y suena ba, be, bi, bo, bu". Y además, empleamos algo que me pareció muy bueno cuando lo vi por primera vez: apoyamos cada letra y su sonido con un gesto. Así, la "m" suena ma, me, mi, mo, mu y en cada uno de sus sonidos yo me paso la mano por la boca como si me limpiara con una servilleta, y coloco la boca para articular la a/e/i/o/u. Después de dos semanas pasando el abecedario, nombrando cada letra, reproduciendo sus sonidos y sus gestos, al enseñar cada bit se lanzan como locos a nombrarla y a decir cómo suena y cuál es su gesto. Esto ayuda mucho al hacer la lectura individual con cada niño, pues es común que cuando miran una letra, ya sea por inseguridad, porque no se la saben o no se acuerdan, no se lancen a leerla. Entonces, haces el gesto y les sale como un resorte. 
Estos gestos los propuso en el colegio una compañera de Infantil que tuvo que llevar a su hijo al logopeda, el cual los usaba. A ella le pareció una herramienta buenísima no sólo para ayudar en la articulación, sino en el apoyo en la lectura, y así es.
Después de pasar el abecedario, el lunes les anuncio cuál es la "letra invitada" que trabajaremos toda la semana. La cuelgo en una cuerda que tengo en la pizarra, y ahí se quedará los próximos cinco días.

A continuación paso los bits específicos de esa letra, que son veinte: diez imágenes y sus diez palabras, que empiezan por la letra invitada de la semana. Pasamos las imágenes, les enseño las palabras, y cuando va avanzando la semana, leemos las palabras, sílaba a sílaba, apoyándonos con los gestos. Después de pasarlos, les pregunto qué bit colgamos en la cuerda, y cada día eligen uno distinto. Cuelgo la palabra y su imagen. Después de esto les insto a que me digan palabras que empiecen por la letra invitada, y sale de todo: desde las palabras de los bits que acabo de pasar, palabras inventadas, nombres propios... Lo apuntamos en la pizarra, con un color especial para marcar la letra invitada. Y hasta aquí, las rutinas que hacemos todos los días, lunes a viernes. 
Respecto a las rutinas específicas de cada día:

Lunes
Después de hablar sobre la letra, sacar palabras que empiecen por ella y haberla visualizado bien, pasamos a ver el "caminito" de esa letra, que conlleva varias actividades. -- Hago la letra en la cuadrícula de la pizarra y tienen que salir uno a uno a borrarla. 
- Hacemos la letra en el aire. 
- En un folio sin cuadrícula, en grande, les hago la letra de tal manera que con el dedo puedan hacer el camino de la letra invitada. Uno a uno superviso que hagan el caminito, para pasar a hacerlo después con pintura de dedos. Lo colgamos en la cuerda de las obras de arte, y se queda ahí todo el día, por lo que el aula se va inundando de la letra invitada.
- También les dibujo con cera blanda sobre la mesa la letra a trabajar, en mayúscula y minúscula, y deben hacerla con plastilina.





Martes
Toca hacer las letras en las cuadrículas individuales. Hay dos tipos de cuadrículas, unas más largas y estrechas, y otra más cortas y anchas. 
- En las largas y estrechas, los niños deben escribir la letra invitada con rotulador varias veces, dejando un cuadrado intercalado. Les doy una toallita de bebé a cada uno para que puedan corregir si les sale mal. 
- En las cortas y anchas, yo escribo la letra invitada repetidas veces e intercaladas, con cera manley. Ellos deben hacerlas con plastilina, igual que el día anterior sobre la mesa, pero esta vez apoyándose en la acotación viso-espacial de la cuadrícula.




Miércoles y Jueves
El miércoles trabajamos la letra con el libro de grafomotricidad (en el que tienen que repasar la letra punteada y escribirla) y el libro de lectura (en el que tienen que rodear la letra cada vez que la reconozcan en un texto, unir con flechas imágenes con sus palabras...). 
También estos días hacemos juegos de lectura: tiro al suelo todos los bits (los de palabras y los de imágenes) y les digo que salgan uno a uno, que cojan una imagen y busquen entre las palabras la que le corresponde.
Asimismo, estos días también trabajamos por rincones con los puzzles de palabras: les doy un juego de bits de sílabas (la "j" con las cinco vocales, la "m" con las cinco vocales, etc.) y tienen que construir las palabras de los bits de esa semana, que les pongo delante como guía, palabras que se les ocurre, disparates... 

El viernes no hago ninguna actividad específica porque ya están cansados, pero las rutinas de las que hablé en principio se mantienen los cinco días.
Combino todas estas actividades con la lectura individual, casi casi diaria (no siempre me da tiempo a leer con todos los niños todos los días). Ahí veo cómo va cada niño, el grado de asimilación de la letra de la semana, y me adapto al nivel en que está, pues cada uno tiene su ritmo y su maduración. Anoto los avances o retrocesos en una hoja observacional que me sirve de guía para conocer el proceso de cada niño, que es tan importante como el resultado, o más.

De todas formas, no me las voy a dar de nada. No puedo negar que me estreso un montón, que siento tantas veces que no llego, que no me da tiempo, que no sé enseñarles. Aún así sigo cada día, erre que erre (y nunca mejor dicho), con cariño y queriendo planteárselo como algo bonito y divertido, motivándoles, pensando nuevas actividades, cómo complementar, viendo lo que funciona y lo que no, buscando cómo sacar a delante a los más lentos y cómo aprovechar el tirón de los más rápidos, intentando echarle creatividad y amor. Recalculando ruta una y otra vez. 
En junio os contaré si mis niños leen o no.